TRES HISTÓRICAS CURIOSIDDES IMPORTANTES

 

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            Prof. José N. Vargas Ponce

El caballo americano fue una especie endémica que existió en américa del sur (Argentina, Chile y Uruguay), es un antecesor del caballo actual traído por los europeos, era parecido a la cebra africana y a los asnos, vivió entre los años 2.000.000 y 8.000 a de C. (finales del plioceno y pleistoceno, pesaba entre 400 y 600Kgs.Una de las causas de su extinción fue la intensa caza indígena.

En los Andes se identificó el foco civilizatorio más antiguo de América, la cultura de Caral (Perú), con una fecha inicial superior al 3000 a.C. Esta región andina ha sido considerada como uno de los focos civilizatorios a nivel mundial, contemporáneo con las civilizaciones egipcia, mesopotámica, china e india. Cuando se construía en Egipto las pirámides de Keops y florecían las ciudades sumerias de Mesopotamia, hacia los 2550 años antes de Cristo, en Perú se edificaba el centro urbano monumental de Caral, la ciudad más antigua del continente. En Mesoamérica se dio la formación de sociedades más complejas a partir de 1500 a. C., donde aparecen las primeras formas de escritura y las grandes civilizaciones clásicas como la de los olmecas, mayas y aztecas de Mesoamérica. Además de la cultura caral, hubo en Suramérica prehispánica importantes culturas, como: paracas, mochica, tihuanaco, wari, chimú, lima, Chachapoyas, mapuche, chibcha, chancas, lambayeque, pucara, recuay, vicus, salinar, chinchorro, cupisnique, huarpa, muisca, san Agustín, calima, charrúa, aymara, caribe, zenú, chavín e inca.

La cultura Olmeca, fue un civilización antigua precolombina que habitó en las tierras bajas del centro-sur de México (Mesoamérica), aproximadamente en los estados mexicano actuales de Veracruz y Tabasco en el istmo de Tehuantepec. Se desarrollaron entre los años 1200 a.C. hasta alrededor del año 400 a. C., y por muchos historiadores es considerada la madre de las culturas o civilizaciones mesoamericanas (“La cultura madre”) que más tarde surgirían. La civilización Olmeca se desarrolló principalmente alrededor de 3 centros ceremoniales o ciudades, a saber San Lorenzo Tenochtitlán, de 1200 a. C. a 900 a. C.; la Venta, de 900 a. C. 400 a. C.; y Tres Zapotes, de 400 a. C. a 200 a. C pero también se realizaban actos ceremoniales en Laguna de los Cerros y La Mojarra. Su influencia se extiende desde las tierras altas mexicanas actualmente hasta la costa del Pacífico, cerca de la Guatemala de hoy.

Además, es la primera en desarrollar un sistema de escritura jeroglífica para su lenguaje, en 2002 se descubrió un caso que data de 650 a. C., y en 2006 otro de 900 a. C., lo cual supera en antigüedad a la escritura zapoteca, esto convierte a la escritura olmeca en la más antigua del hemisferio occidental. También serían los iniciadores del juego de pelota, actividad popular en otras culturas de la región con fines recreativos y ceremoniales. El término “olmeca” significa en lengua náhuatl “gente del país del hule” (goma). De hecho, en estas zonas se extraía el látex de los árboles “Castilla elástica”, un tipo de caucho. Después de la cultura olmeca hubo otras grandes culturas en Mesoamérica: tolteca, teotihuacana, zapoteca, mixteca, tlaxcalteca, tarasca, huasteca, totonaca, chichimeca, maya y azteca.

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LAS CONVULSIONES DEL GENERAL JOSÉ ANTONIO PÁEZ

 

“Al principio de todo combate, escribe Páez en su Autobiografía, cuando sonaban los primeros tiros, apoderábase de mí una intensa excitación nerviosa, que me impelía a lanzarme contra el enemigo para recibir los primeros golpes; lo que habría hecho siempre si mis compañeros, con grandes esfuerzos, no me hubiesen retenido”. Un escritor inglés de los que militaron en la pampa venezolana, dice: “El General Páez padece de ataques epilépticos cuando se excita su sistema nervioso, y entonces sus soldados le sujetan durante el combate o inmediatamente después de él”.

“Es un hecho reconocido por las generaciones que se han sucedido desde la guerra de independencia de Venezuela, que Páez sufría, con más o menos frecuencia, de ataques nerviosos de forma epiléptica, en una que otra ocasión, al comienzo o fin de los choques terribles que contra las caballerías de López, de Morales, de La Torre y de Morillo, libró en la pampa venezolana. Así, al entrar en acción en Chire y el Yagual, en la persecución del enemigo en los campos de Gamarra y Ortiz, y últimamente en Carabobo, después de espléndido triunfo, Páez fue por instantes víctima de esas horribles convulsiones que le privaban del uso de la razón, pero que al cesar, hacían aparecer al guerrero con tales bríos y con tal coraje sobre las fuerzas enemigas, que la presencia de aquel hombre portentoso era siempre indicio de la victoria. Afortunadamente para Páez y para Venezuela, aquél no llegó a ser presa de tan terrible mal en esos grandes hechos de armas que conoce la historia con los nombres de Mata de la Miel, Queseras del Medio, Cojedes, etc. etc.,… ¿Qué causa producía tan triste dolencia en un hombre de fuerzas hercúleas, de espíritu inteligente y sagaz, de voluntad inquebrantable, dominado por el solo sentimiento de la patria, que le hacía sufrido, constante, invencible? Refieren las crónicas de familia, que Páez, en sus tiernos años, fue mordido, primero, por un perro hidrófobo, y meses más tarde, por una serpiente venenosa, sin que nadie hubiera podido sospechar que en un mozo acostumbrado al ejercicio corporal, hubieran quedado manifestaciones ocultas, a consecuencia de las heridas que recibiera, y que los años corrieran sin que ningún síntoma se presentara en la constitución sana y robusta del joven llanero, hasta que fue presa de cruel idiosincrasia que le acompañó hasta el fi n de la vida. Consistía ésta en el espanto y horror que le causaba la vista de una culebra, ante la cual tenía que huir o ser víctima de prolongada convulsión. A este hecho se agregaba una manía: la falsa idea de creer que la carne de pescado, al ingerirla en el estómago, se convertía en carne de culebra. Había por lo tanto en la constitución del mancebo, una perversión nerviosa de variados accidentes, la cual acompañó al guerrero hasta su avanzada edad, no obstante haber hecho esfuerzos de todo género por librarse de tan cruel dolencia”.

“…Veremos en el curso de esta leyenda que las convulsiones de Páez obedecían en muchas ocasiones a la excitación del guerrero, al sentimiento patrio; y eran engendradas en otras por agentes misteriosos del organismo, o cierta idiosincrasia que acompaña a muchos hombres, sin que la ciencia haya podido hasta hoy llegar a explicarla”.

“En el choque de Chire (1815) Páez había recibido la orden de embestir a las tropas de Calzada, pero al comenzar la pelea, entra repentinamente en convulsiones. La causa inmediata de ese percance fue la siguiente: estaba Páez listo, cuando se le ocurre enviar uno de sus ayudantes a retaguardia de su cuerpo, con cierta orden. Al regreso del ayudante, que fue rápido, tropieza éste en la sabana con enorme culebra cazadora, a la cual pincha por la cabeza. Al instante el animal se enrosca en el asta de la lanza y la abraza por completo. Quiere el jinete deshacerse del animal, más como no puede, con él llega a la vanguardia, en los momentos en que iba a librarse el célebre hecho de armas que se conoce con el nombre de Chire. El ayudante da a Páez cuenta de su cometido y agrega: “Aquí está, mi Jefe, el primer enemigo aprisionado en el campo de batalla” señalándole la culebra que contorneaba el asta. Páez torna la mirada hacia el arma del jinete y al instante es víctima del mal. Por el momento, el Jefe no puede continuar, pero ayudado de sus soldados que le echan agua sobre el rostro, se repone, y al escuchar la primera descarga monta a caballo. En derrota venían los suyos cuando a la voz de “frente y carguen”, los jinetes tornan grupas, recomienzan la pelea y triunfan”…

“…En aquellos días, a la margen derecha del Apure, Páez, ve a su valiente Peña en inminente peligro, en la opuesta orilla, en los momentos en que cumplía con la orden que le había dado. Quiere atravesar el río y salvar a su compañero: pide un caballo, pero no había ninguno, porque las madrinas pastaban a distancia. Consíguese a duras penas una yegua que le traen y en ella se arroja al río, armado de lanza. Como la yegua tenía larga rienda, de esto se aprovechan los llaneros para no abandonar a su Jefe, pronto a entrar en convulsión. Al comenzar a nadar, Páez se despeja, las convulsiones no se presentan, y los llaneros, que habían alargado la soga hasta el remate de ésta, fueron lentamente recogiéndola hasta lograr que el animal tornara a la orilla de donde había salido. El estado de excitación había cesado bajo el influjo del agua. Cuando llega el momento de la célebre acción del Yagual (1816), en la cual figura Páez como jefe supremo, el general Urdaneta estaba a su lado en el momento de comenzar la batalla, cuando Páez es víctima de fuertes convulsiones. No había más agua sino la que contenía un barril pequeño, la cual estaba destinada para enfriar el único cañoncito que tenían los patriotas. Al saber Urdaneta por los compañeros de Páez que el ataque desaparecía con el uso del agua, solicita envase para tomarla, y como no encontrara, se vale de su tricornio, con el cual comienza a bañar la cabeza del guerrero. Pocos instantes después estaba Páez a caballo, animado del fuego sagrado de la patria y saludado como vencedor en el glorioso campo de batalla”.

“Aquella exageración nerviosa parecía servir de estímulo a la fuerza física, de aliento al espíritu que triunfaba de las más difíciles situaciones”.

“Cuando en la batalla de Ortiz, en 1818, casi toda la infantería a las órdenes de Bolívar es destruida por los españoles, pudo salvarse el resto, por la intrepidez de Páez, que cubría la retirada. Después de repetidas cargas de caballería, Páez, al sentirse mal, se desmonta y se recuesta de un árbol. El coronel inglés English, que por allí pasaba, al ver a Páez su convulsión y con la boca llena de espuma, se acerca al enfermo, aunque los oficiales le decían que dejase sólo al general. “Ninguno de nosotros se atreve a tocarlo cuando él es víctima de este mal que dura poco tiempo”, agregaron los centauros. A pesar de esta observación respetuosa, el coronel inglés se acerca a Páez, le lava con agua el rostro y aun le hace tragar algunas gotas. Páez recupera el sentido, reconoce al coronel English, le extiende la mano y le da las gracias más cordiales. “Me hallaba tan cansado por las fatigas de la batalla, le dice, y ya había dado muerte a treinta y nueve de los enemigos, cuando al traspasar con mi lanza uno más, me sentí indispuesto”.

“A su lado, dice el historiador inglés, estaba la lanza ensangrentada, la cual tomó Páez y la presentó al coronel English, como un testimonio de la amistad que le profesaba. Páez monta al instante a caballo, se pone al frente de su legión de centauros y cuando llega el momento en que el legionario británico se despide, le obsequia con tres bellos y hermosos caballos”

“En la derrota del trapiche de Gamarra, en 1819, donde los batallones de Bolívar fueron destruidos, Páez obró prodigios con su caballería, a pesar de lo accidentado del terreno; prodigios, según confesión de los historiadores españoles. En uno de los choques, le ataca la convulsión y sus compañeros tienen que sacarlo del campo. Días de contrariedad le proporcionó esta derrota; más ella fue el origen de las Queseras del Medio”.

“¡Mi lanza! ¿Dónde está mi lanza? ¡Venga mi caballo!” tales eran las primeras palabras de Páez, después de pasar uno de los violentos ataques convulsivos; es decir, cuando recuperaba el uso de la razón. Estas mismas frases las repetía el general, cuando a poco de haberse roto una pierna en Nueva York, en 1858, fue acometido de convulsiones: “¿Dónde está mi caballo? Mi lanza ¿dónde está?”–preguntaba”.

“Últimamente, Páez es acometido de su mal crónico después del brillante triunfo de Carabobo. El vencedor continuaba la persecución, cuando es presa del mal, y se hace recostar al pie de un hermoso cañafístolo, en la sabana de Carabobo. Al restablecerse, al abrir los ojos, se encuentra con Bolívar que viene a abrazarle a nombre de Colombia y a ofrecerle el mayor grado de la milicia”.

“Ni el tiempo, ni los viajes, ni los esfuerzos de la voluntad más firme, lograron extinguir en Páez, el mal convulsivo que se apoderó de su organismo desde los días de su fogosa juventud. Durante su permanencia en Nueva York, por repetidas instancias de una familia compatriota, se aventuró a gustar de ensalada de pescado, en dos ocasiones, y en ambas fue víctima de horrible malestar, al cual sucedieron violentas convulsiones. La manía que le dominó en la infancia, no le abandonó en la vejez”.

“Superior a estos incidentes es la escena que, años más tarde, tuvo Páez, ya a los ochenta años de edad, por haber asistido a la exhibición de enormes boas con el museo de Barnum. Uno de sus amigos, creyendo obsequiar al General, le invitó en cierta tarde a que le acompañara al museo, donde iba a sorprenderlo con algo interesante. Páez, al ver los animales, se siente indispuesto y se retira; llega a su casa, ya a hora de comer, se sienta a la mesa, cuando al acto pide que le conduzcan a su dormitorio. Como nunca, se presentan las convulsiones, y de una manera tan alarmante, que el doctor Beales, célebre médico de Nueva York, amigo de Páez, es llamado al instante”.

“Sin perder el uso de la razón, Páez aseguraba que muchas serpientes le estrangulaban el cuello. A poco siente que bajan y le comprimen los pulmones y el corazón y en seguida la región abdominal. Y a medida que la imaginación creía sentir los animales en su descenso de la cabeza hasta los pies, las convulsiones se sucedían sin interrupción. El doctor Beales quedó mudo ante aquella escena y no podía comprender cómo una monomanía podía desarrollar en el sistema nervioso, tal intensidad de síntomas. Páez que había revelado los diversos síntomas que experimentaba, a proporción que los animales imaginarios pasaban de una a otra región, pedía a gritos que le salvaran en tan horrible trance. El doctor habla y hace varias preguntas al paciente y éste le responde con lucidez. General –le dice el doctor–, ¿me conoce usted? ¿Quién soy? Sí: usted es el doctor Beales, uno de mis buenos amigos. Pues bien, como tal, le aseguro a usted que no hay ninguna culebra en su cuerpo. No había acabado de pronunciar la última palabra cuando las convulsiones toman creces, llenando de espanto a los espectadores. El médico se había olvidado de que en casos semejantes, cuando un paciente es

Víctima de una monomanía, lo más certero es obrar sin contrariar la idea dominante y aun apoyarla si es necesario, para poder obtener mejor éxito sobre la imaginación exaltada. A poco todo desapareció, y Páez continuó en perfecta salud. Si esta idiosincrasia de Páez hubiera sido conocida de los españoles, por de contado que lo hubieran vencido arrojando sobre él vasijas repletas de culebras, como en la antigüedad griega lo había hecho Aníbal (el almirante) contra las embarcaciones de sus contrarios”.

“¡Cuán variadas aparecen las idiosincrasias en los personajes históricos de todos los tiempos! Hace más de cuarenta años que en cierta noche, en el pueblo de Maracay, estaban reunidos tres veteranos de la Independencia: eran Páez, Soublette y Piñango, que departían amigablemente en un dormitorio de la casa del primero. Después de haber departido sobre varios temas y tras un momento de silencio, Soublette se incorpora en la hamaca en que estaba acostado y dice, dirigiéndose a Páez: Mi General, ¿hay algo que le haya infundido a usted en la vida miedo, temor o espanto, sí, contesta Páez, poniéndose en pie. Hay algo que me produce, no sólo miedo, sino que me aterroriza del tal modo, que tengo que ser víctima: es la vista y presencia de una culebra”.

“Entonces pregunta Piñango a Soublette. Y usted general, ¿qué es lo que más teme? Yo no temo a la culebra, dijo Soublette, pero sí al toro. Cuando militaba en los llanos, me llenaba de terror al pasar delante de estos animales, sobre todo si fijaban en mí las miradas. A mí, dijo Piñango, cuando los compañeros a un tiempo le hicieron la misma pregunta, a mí no me asusta la presencia de la culebra, aunque esté armada, ni me preocupan las astas del toro. Yo no temo sino a las seguidillas del poeta Arvelo. Y en efecto, el poeta lo había vapulado en aquellos días, 1846 a 1847. He aquí una de tantas idiosincrasias de los hombres preclaros. ¿Quién en este mundo está libre de estas imposiciones del organismo? Que la ciencia llame estos variados fenómenos histerismo, sonambulismo, excitación nerviosa, etc., poco importa; si en unos es el miedo que domina, en otros el exceso de valor; en éstos la monomanía, en aquéllos la contrariedad; en unos la plétora, en otros la anemia. Si en Páez obraba el miedo a la presencia de una culebra u otro animal, puede asegurarse que en la pelea él obedecía al sentimiento generoso de la patria libre, a la ambición de vencer a sus contrarios, al ímpetu guerrero, al éxito feliz de sus inspiraciones, al valor sublimado, a la gloria, de quien podía llamarse hijo predilecto. Fuente: Orígenes venezolanos (historia, tradiciones, crónicas y leyendas). Arístides Rojas

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LA CONVIVENCIA SOCIAL Y LA CIUDADANÍA.

                                                                         Prof. José N. Vargas Ponce

La convivencia social se garantiza con un correcto ejercicio de la ciudadanía en la vida cotidiana de toda comunidad, ambos conceptos requieren de un absoluto respeto de los derechos humanos, todo esto conduce a la demanda que “todo ser humano tiene derecho a una vida digna”. En este contexto incluyo esta nota para que no confundamos la “Declaración Universal de los Derechos del Ciudadano” con la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”

La Declaración Universal de los Derechos del Ciudadano, fueron proclamados por la Asamblea Constituyente de la Revolución Francesa el 26 de agosto de 1879, veamos la parte medular de esta declaración:

“Lo hombres nacen y viven libres e iguales en derechos; la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión son derechos naturales e imprescriptibles; toda soberanía reside esencialmente en la nación; la libertad consiste en poder hacer todo lo que no daña a otro; la ley es la expresión de la voluntad general, y todos los ciudadanos tienen derecho a contribuir personalmente, o por sus representantes, a la formación de las leyes; todos los ciudadanos son iguales ante la ley; nadie puede ser acusado, detenido o encarcelado sino en casos determinado por la ley y según la forma en ellas prescritas; nadie puede ser castigado más que en virtud de una ley establecida y promulgada con anterioridad al delito; nadie puede ser inquietado por sus opiniones; todo ciudadano puede, pues, hablar, escribir e imprimir libremente, siempre que haya de responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley; los impuestos que los ciudadanos deben consentir libremente tendrán que repartirse por igual entre ellos, de acuerdo con sus posibilidades; la sociedad tiene derecho a pedir cuentas a todo agente público de su administración; considerando a la propiedad un derecho inviolable y sagrado, nadie podrá ser privado de ella si no es cuando la necesidad pública, legalmente constatada lo exija y mediante una justa y previa indemnización”. Fuente: Jacques Pirenne. Historia Universal. P.16.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU), basándose, entre otras cosas, en la Declaración Universal de los Derechos del Ciudadano, proclamó el 10 de diciembre de 1948, los Derechos Universales del ser Humano, cuyos aspectos fundamentales puedes leerlos a continuación:

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Nadie podrá ser discriminado por razones de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquiera otra condición. Todos tienen derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Nadie será sometido a esclavitud ni a servidumbre ni a torturas ni a penas crueles. Todos tenemos derecho al reconocimiento de nuestra personalidad jurídica y somos iguales ante la ley. Todos somos libres de ejercer recursos legales contra actos que violen nuestros derechos. Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. Todos tenemos derecho a ser escuchado por un tribunal independiente. Toda persona es inocente mientras no se pruebe lo contrario. Toda persona tiene derecho a la protección de su privacidad, honra y reputación. Todos tenemos derecho a transitar libremente. Tenemos derecho a solicitar asilo. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. Todos tenemos derecho a casarnos libremente y crear una familia. Todos tenemos derecho a la propiedad individual y colectiva. Todos tenemos libertad de conciencia y religión. Todos tenemos libertad de expresión, derecho a estar informados y a comunicarnos. Todos tenemos derecho a reunirnos y a organizarnos. Todos tenemos derecho a la participación política y social. Todos tenemos derecho a la seguridad social. Todos tenemos derecho al trabajo, a un salario justo y a fundar sindicatos. Toda persona tiene derecho al descanso, al tiempo libre y a las vacaciones. Todos tenemos derecho a la asistencia social (salud, vivienda, servicios públicos). Todos tenemos derecho a la educación. Todo pueblo tiene derecho a crear y disfrutar su propia cultura. Todos tenemos derecho a un justo orden social e internacional. Todos tenemos deberes con respecto a la comunidad. Nadie podrá suprimir ninguno de estos derechos.

Los principios contemplados en la Declaración Universal de los Derechos del Ciudadano, y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos han sido recogidos en las Constituciones de las Repúblicas democráticas. Venezuela ha sido una de ellas.

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LA TIERRA ES EL HOGAR DEL HOMBRE

Hoy día sabemos que la Tierra es el hogar del hombre desde hace aproximadamente dos millones de años. Es un planeta del Sistema Solar, ocupa la tercera órbita, después de los planetas Mercurio y Venus, gira alrededor del Sol, centro del Sistema,. A partir de la Tierra, se encuentran otros planetas, que son: Marte, Júpiter, Saturno Urano, Neptuno y Plutón.

La Tierra como planeta tiene dos elementos que son indispensables para la existencia de la vida vegetal y animal: agua (hidrósfera) y oxígeno (atmósfera). Precisamente, el 71% del planeta está cubierto de agua, básicamente, océanos y mares que son de agua salada, y el 29%, son las tierras emergidas; es decir, los continentes: Europa, Asia, África, Oceanía y América, este último, generalmente, se subdivide en tres subcontinentes: América del Norte, América Central y del Caribe y América del Sur. Sobre la masa continental hay más agua, pero dulce, representada por los ríos, lagos y lagunas. Además, existen corrientes de agua subterráneas.

La tierra está formada por tres grandes geosfera: la litósfera de constitución sólida, la atmósfera de constitución gaseosa y la hidrósfera de constitución líquida. Ninguna de ellas por sí sola, es suficiente para permitir el desarrollo de la vida, es necesario el contacto de las tres para que se forme la biosfera o esfera de la vida, comúnmente se denomina medio ambiente o paisajes terrestres. En esos paisajes es donde vive el hombre; sin embargo, existen paisajes propicios para el establecimiento humano, como los valles, las depresiones y llanuras, y otros que limitan ese establecimiento, como los desiertos cálidos y los desiertos fríos.

Prof. José N. Vargas Ponce

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CÓMO DEFINIMOS LA HISTORIA

La historia debe definirse con base en sus dos dimensiones: espacio y tiempo; esto equivale a decir que todo hecho se produce en un lugar y tiempo determinado y que el comportamiento del hombre en sociedad es el objeto y sujeto de la historia. Cuando indagamos su pasado estamos en la primera dimensión: el tiempo, y cuando hablamos de historia de Egipto, historia de Europa, historia de América,… estamos en la segunda dimensión: el espacio

“La historia es la disciplina que estudia el pasado de los hombres y presenta un cuadro de sus acciones de carácter social. Representa para la humanidad lo que la memoria para la persona; responde a la universal necesidad de conocer los propios orígenes, de comprender su evolución, de asegurar la identidad profunda de los seres por encima de su diversidad y a través de su evolución; ella es el nexo de toda personalidad”. Halkin, León. Iniciación a la Crítica Histórica.

“Yo defino gustosamente la historia como una necesidad de la humanidad, la necesidad que experimenta cada grupo humano, en cada momento de su evolución, de buscar y dar valor en el pasado a los hechos, los acontecimientos, las tendencias que preparan el tiempo presente que permiten comprenderlo y ayudan a vivirlo”. Lucien Lebvre.

La historia es importante porque permite el conocimiento del pasado de la humanidad, facilita la comprensión del presente y porque pone a disposición de hombre experiencias y conocimientos que le permiten hacer proyecciones del futuro. El estudio de la historia humanidad permite descubrir, cómo la humanidad ha llegado a ser una sola y apreciar el movimiento indetenible de ella, con las diferencias que introducen las dimensiones de tiempo y espacio.

Las fuentes que utilizamos para el estudio de la historia son de carácter directo e indirecto. Las fuentes directas se definen porque fueron elaboradas con la intención de dejar testimonios para la posteridad sobre determinados hechos o acontecimientos, es el caso de las crónicas y memorias; en cambio las fuentes indirectas se definen porque ellas se producen sin la intención de proporcionar información específica, son de una gran variedad: restos humanos y de ciudades, monumentos, obras de arte, armas, instrumentos de trabajo, viviendas, vestimentas, registros de propiedad, actas gubernamentales, registros de nacimiento, informes económicos y administrativos y fuentes bibliográficas en general.

Prof. José Vargas Ponce

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Población de Achaguas

FUNDACIÓN

Calle Comercio de la población de Achaguas, en la actualidad. Foto del autor

Achaguas fue uno de los primeros asientos poblacionales fundado en lo que posteriormente sería el territorio de la provincia de Apure. Efectivamente, Achaguas fue fundada como un pueblo de misión de los Capuchinos, en 1774, por Fray Alonso de Castro, con el nombre de Santa Bárbara de la Isla de Achaguas. Lleva el nombre de los primitivos pobladores de la región, los indios “Achaguas”. Impropiamente se le consideraba una isla porque ese territorio está rodeado por los ríos Matiyure, Apurito y Payara. El pueblo se fundó en la margen izquierda del río Matiyure y en el vértice oriental de la desembocadura del río Apurito; éste nace en el Apure y desemboca en el Matiyure, mientras que el Payara nace en el Apurito y desemboca, después de un extenso recorrido, en el Arauca.

PRIMITIVOS POBLADORES

Río Matiyure y su puente. A la izquierda está Achaguas. Foto del autor

Según los estudios del etnólogo Miguel Acosta Saignes, puede inferirse que los primitivos pobladores del territorio apureño pertenecían a dos grandes áreas culturales: los Otomacos y los Jirajaras. El área de los Otomacos, incluye los pueblos indígenas: Otomacos y Taparitas (ubicados en el área de la desembocadura del río Apure); Guamos (localizados al oriente del estado): Yaruros (localizados en las márgenes de los ríos Meta, Cinaruco, Capanaparo, Arauca y Cunaviche). Constituían una población abundante; esto se infiere, inclusive, de los relatos de Fray Jacinto Carvajal en su Relación del Descubrimiento del río Apure”. Los Jirajaras incluyen a los Achaguas, los cuales estaban dispersos en el centro-occidente de Apure (desde la tierra de Falcón hasta los llanos del Casanare); sin embargo, parece que su zona de mayor florecimiento cultural fue la región de Guaviare. Al igual que los Otomacos, practicaban la agricultura, la pesca, la caza, la recolección, trabajaban el tejido, la cerámica, la madera y fabricaban el cazabe. Además, ejercieron una importante actividad comercial.

Los cronistas e historiadores, cuando se refieren a los indios “Achaguas”, primitivos pobladores de esa Villa, utilizan diferentes denominaciones: Achaguas, Ajaguas, Axaguas, Jaguas, Yaguas y Caguas. El historiador Argenis Méndez Echenique, cuando se refiere a ellos en su obra Historia de Apure, cita al padre Juan Rivera, quien se expresaba de ellos de la manera siguiente: “…Es esta gente bien dispuesta, de forma gallarda y de buen talle; usan las cabelleras bien pobladas y dilatadas casi hasta la cintura, no sólo las mujeres sino también los hombres…. Los Achaguas son por naturaleza dóciles, agradables y blandos, y más capaces y vivos de ingenios que otras naciones…”.

El Antropólogo Rafael Strauss K., en su libro “El Tiempo Prehispánico de Venezuela”, escribe: “Los Achaguas han pasado a las fuentes históricas con los nombres de Jaguas, Yaguas, Ajaguas y Axaguas. Su lugar de florecimiento parece haber estado en las regiones del Guaviare. El gentilicio Ajagua, por ejemplo, aparece en algún documento como nombre de un pueblo aborigen residenciado en las inmediaciones del lago de Valencia; con el de Axaguas, se identifica a los habitantes indígenas que hacia 1579 moraban a cuatro o cinco leguas de Barquisimeto, destacándose su costumbre de realizar sacrificios humanos. A mediados del siglo XVII, se sabe de un grupo de Achaguas en la región de Apure. Finalmente, hacia el siglo XVIII se tienen noticias de un importante núcleo de Achaguas en el área de Casanare, descrito exhaustivamente por los misioneros. Las informaciones de Juan Rivero acerca del territorio ocupado por Achaguas indican uno muy extenso: “empezaba a extender esta nación –escribe—desde muy cerca de Barinas hasta San Juan de los Llanos (al este de Bogotá) y desde allí hasta Popayán, sin que se les haya descubierto término hasta ahora”.

El Fray Jacinto de Carvajal en su libro “Descubrimiento del Río Apure”, relata que el capitán Miguel de Ochogauia en su recorrido por el río Apure encontró dos rancherías de los indios Ajaguas, en lo que muy bien podría haber sido parte del territorio que hoy ocupa el Municipio Autónomo Achaguas. Este capitán expresaba su admiración por el tamaño de la ranchería: “…Hallé en la ranchería que voy hablando un cercado muy redondo, capaz para más de 600 almas, guarnecido a lo primoroso con cañas muy sutiles, formando en las mismas unas labores muy vistosas…”. Más adelante escribe: “…Por las lozas, trastes y alhajas que se hallaron y disposición de roca para la siembra de sus maíces, se presumió que la ocupaban indios ajaguas aquella tan espaciosa como bien dispuesta ranchería, en la cual nos pareció celebrar la noche muy en vela, si bien nos previno cena sazonada la muchedumbre del pescado que en ella hallamos”. “…Proseguimos nuestro viaje náutico y navegamos dos leguas, descubrimos un zanjón, y a un tiro de mosquete, en una playa vecina a él, por la parte diestra de los llanos, vide dos ramadas que los Ajaguas indios habían hecho para la celebración de algunas de sus fiestas, bailes o borracheras y habían obrado en ellas con tanto aseo y primores que no se yo que pudieran entre los más curiosos españoles tener más crecidos lucimientos de los que en ellas contempla mi advertir, porque por la superior parte las cubrían de una menuda como crecida yerba…” Las citas señaladas ponen en evidencia que los Achaguas, habitaban para ese momento las márgenes centro-orientales del río Apure, y parte de ese territorio pertenece actualmente al Municipio Autónomo Achaguas.

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Las cimarroneras y cumbes de negros esclavizados

Los negros africanos, no eran considerados como seres humanos, eran una “cosa” una “propiedad”, a partir de esta concepción perdían los derechos que tenemos los seres humanos, como el derecho a la vida, a la libertad,… Simplemente eran una mercancía y como tal eran tratados.

Los barcos esclavistas obtenían sus mercancías (los negros) en el África de dos maneras: los compraban, muchas veces a tribus africanas, o los cazaban como animales. Luego los trasportaban a América en barcos, en condiciones infrahumanas, muchos de ellos morían en trayecto; el negocio era tan rentable que barcos esclavistas ingleses y holandeses contrabandeaban negros esclavos en las costas venezolanas. Sin embargo, los negros nunca abandonaron su actitud de rebeldía ante semejante atropello, a riesgo de esa rebeldía desembocara en castigos inhumanos, como: azotes, grillos, cadenas, mutilamientos de algunos como las orejas, encierro en lugares muy estrechos e insalubres,… También esa actitud, fue el origen de las cimarroneras y cumbes.

El antropólogo, Miguel Acosta Saignes, al referirse al régimen esclavista, escribe: “…Él envilece a los esclavos, pero también a los amos; rebaja la dignidad humana de unos y otros, conduce a la crueldad, al sadismo, porque el enemigo en todo régimen de clase, es el propio hombre, no solo explotado bajo la esclavitud, sino negado, destruido, aniquilado en sus atributos humanos esenciales”. De tal manera que hubo razones suficientes para que los negros esclavizados se fugaran, se alzaran y hasta se suicidaran.

Los fugados constituyeron las cimarroneras y los cumbes, en lugares montañosos, apartados e inaccesibles. De tal manera que las mismas, eran comunidades de negros esclavizados huidos que tenían cierta organización: líderes, viviendas o ranchos, conucos, vigilancia permanente,… e inclusive en algunas cumbes el negro convivía con el indio y con blancos marginados o tenían relación con comunidades integradas por éstos. Además, los cimarrones tuvieron una participación importante en el comercio ilícito que practicaban en las costas venezolanas, los ingleses, holandeses y franceses. De tal manera que los cumbes fue, inicialmente, la expresión más genuina de sincretismo cultural entre el negro, el indio y el blanco.

Los negros esclavizados, no solo eran comercializados por las compañías autorizadas que operaban de la isla La Española y a donde iban muchos hacendados venezolanos a adquirirlos, sino también por los barcos contrabandistas de esclavos (ingleses y portugueses) que llegaban a las Antillas y a las costas venezolanas. En Venezuela, hubo cumbes en todas las regiones donde fueron ubicados los negros traídos en condición de esclavos (Barlovento, Puerto Cabello, Yaracuy, Zulia, cumaná,…)

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