POR LOS LLANOS DEL SUR DE VENEZUELA

 

Escribió Don Rómulo Gallegos, en su novela “Doña Bárbara”. “…La llanura es bella y terrible a la vez; en ella caben, holgadamente, hermosa vida y muerte feroz. Ésta acecha por todas partes; pero allí nadie le teme. El llano asusta; pero el miedo del Llano no enfría el corazón; es caliente como el gran viento de su soleada inmensidad. Como la fiebre de sus esteros. El Llano es tierra abierta y tendida, buena para el esfuerzo y la hazaña, toda horizonte como la esperanza, toda caminos, como la voluntad”.

La llanura meridional de Venezuela, está integrada por casi todo el territorio del estado Apure y una pequeña parte del sur de los estados Barinas y Guárico, es a la vez la mayor parte de los llanos bajos, y concentra más del 25% de la superficie total de esta región natural. Es el corazón del llano venezolano, donde las extensiones parecen infinitas y el horizonte inalcanzable, en ella lucen las matas como pequeñas manchas y los rebaños de ganado como lunares de la sabana.

El paisaje de los llanos meridionales, es una sucesión de micropaisajes naturales interrumpidos por espacios que muestran la intervención de la mano del hombre o su presencia. Durante la segunda mitad del siglo XX la acción humana ha dejado su marca imborrable; sin embargo, el llano sigue mostrándose a simple vista misterioso e indómito, que se resiste a su degradación.

El espacio geográfico se halla organizado en dos medios ambientes: el urbano y el rural, el uso del medio urbano es básicamente de tipo residencial y comercial y el del medio rural es de tipo agrícola y ganadero. Es un medio ambiente definido por la relación entre la morfología de su relieve y las características de su clima, que se traduce en un permanente contacto entre tierras y aguas, de lo cual se genera la influencia sobre hechos fundamentales como la distribución de la población, el uso de la tierra y las actividades económicas, las costumbres y muchas otras manifestaciones culturales. La división del llano, en bajo y alto, es también una consecuencia de ese contacto entre tierra y agua.

El paisaje natural de los llanos meridionales, ha ido cediendo paso, poco a poco, a los paisajes culturales o humanizados, dista bastante de aquel paisaje que podríamos admirar a comienzo del siglo XX; sin embargo sus elementos esenciales, mantienen el perfil que jamás podrán perder, como son por ejemplo: la inmensidad de la sabana, la naturaleza de sus herbazales, sus numerosos ríos, caños, bajíos, esteros y lagunas, las matas y bosques de galerías, los morichales y palmares, la gran variedad de su fauna y su estacionalidad lluviosa y seca.

Esta subregión del llano venezolano ha perdido su estado natural, con la construcción de una carretera que se extiende de este a oeste, desde San Fernando de Apure hasta Guasdualito, pasando por las poblaciones de Biruaca, Achaguas, Apurito, El Samán de Apure, Mantecal y El Elorza; con la troncal que comunica a la región con la capital de la república y el centro de Venezuela y con la carretera que se construye desde San Fernando hasta Puerto Páez, pasando por el cajón de los ríos Arauca y Capanaparo, escenario de la novela Doña Bárbara, escrita por Rómulo Gallegos. Además, los numerosos caminos y ramales que se desprenden de las carreteras principales han humanizado significativamente el paisaje. A esto hay que sumarle los numerosos aeropuertos públicos y privados de las poblaciones y hatos y los corredores fluviales que representan los principales ríos de la subregión, como: Apure, Arauca, Meta, Capanaparo, Cinaruco, Cunaviche, Arichuna, Matiyure y Portuguesa. La población, aunque distribuida de manera irregular en pueblos y hatos, separados por grandes distancias, ha dejado su huella humanizadora en el paisaje.

RELACIÓN DEL HOMBRE LLANERO CON SU MEDIO

“…La sabana arranca del pie de la cordillera andina, se extiende anchurosa, en silencio acompaña el curso pausado de los grandes ríos solitarios que se deslizan hacia el Orinoco… Quien dice la sabana, dice el caballo y la copla…Desde las galeras del Guárico hasta el fondo del Apure, desde el pie de los Andes hasta el Orinoco… Por todos esos llanos de bancos y palmares, mesas y morichales, cuando se oye cantar una copla que exprese bien los sentimientos llaneros, inmediatamente se afirma. Esa es de Cantaclaro…” (*) Cantaclaro. Rómulo Gallegos.

Cuando se habla del llano, especialmente de los meridionales, cuya mejor expresión es el estado Apure, generalmente se piensa en las enormes distancias que los separa de la capital de la República y del centro del país; sin embargo, esto no es cierto; San Fernando de Apure, está a 400 kilómetros de Caracas, más cerca que Cumaná, Maturín, Coro o Mérida. Las grandes distancias se dan dentro de la propia subregión; por ejemplo la distancia desde San Fernando de Apure a Guasdualito, es mayor que, la de esa misma ciudad a Caracas, Maracay o Valencia. Además, la mayor parte de la carretera se conserva en buenas condiciones y tiene largas rectas que complementada con el paisaje de llanura, hacen que el viaje sea menos agotador y tedioso.

En cuanto a la relación del hombre llanero con su medio ambiente, éste, en virtud de sus ancestros indígenas, generalmente es respetuoso del ecosistema de la subregión, él, por propia convicción trata de hacer el menor daño a la naturaleza y cuando lo hace, su actitud responde a prácticas tradicionales que se sustentan en el criterio errado de que la acción produce mayores beneficios que perjuicios, es el caso de la quema de la sabana y de la tala de árboles. Sin embargo, estos son problemas que pueden resolverse a través de la educación, no olvidemos que no existe hecho geográfico sin la presencia humana; el hombre es quien le da carácter geográfico a los paisajes, porque la Geografía es el estudio de la interrelación hombre-medio ambiente.

Cuando viajamos a los llanos del sur, saliendo desde Caracas, Maracay o Valencia, no da la bienvenida a los llanos bajos, los hermosos esteros de Camaguán y la ciudad del mismo nombre, allí, aparte de la hospitalidad de sus habitantes, se nos presenta a la vista una sucesión de esteros cubiertos de aguas o de herbazales, según sea la estación de lluvia o sequía. La palma llanera y la variedad fáustica, adornan el paisaje. Los esteros son fuente de vida y recreación del habitante de este pueblo y centro de atracción para el visitante, que se recrea observando lo grandioso que es la naturaleza. El río Portuguesa, es el límite occidental de Camaguán, es rico en peces y bueno para los paseos en fuera de borda; tiene un gran valor turístico.

En el medio ambiente de los llanos del sur hay una lucha permanente entre la vida y la muerte, la alegría y la tristeza, la abundancia y la escasez. La estacionalidad de lluvia (mayo-octubre) y sequía (noviembre-abril), duran aproximadamente seis meses cada una, son esperadas por el llanero con ansiedad y temor. Durante los tres primeros meses de lluvia, todo es verdor, es el momento de la primera siembra y cosecha y de las queseras; los animales silvestres salen de sus madrigueras a disfrutar el medio ambiente, los pastos se renuevan y son abundantes. En el curso de los tres meses siguientes, se llenan de agua los bajíos, esteros y lagunas, los ríos se desbordan saliéndose de sus cauces y las sabanas se inundan formando una gran laguna; los animales se refugian en los bancos y médanos, partes más altas de los llanos bajos. Son momentos difíciles para el habitante del llano; sin embargo, aprovecha el retiro de las aguas para realizar una segunda siembra y cosecha, él la llama, siembra de verano.

Entre octubre y enero se vive una etapa de transición donde todavía no escasea el agua, porque los esteros la conservan y los bajíos mantienen la humedad, ahora hay un desplazamiento de los animales desde los bancos y médanos a los bajíos y esteros. Éstos se convierten en lugares de concentración de la fauna de la región. Entre los meses de febrero y abril, la sequía adquiere características de tragedia, enflaquece el ganado y muchas reses mueren por falta de pastos y agua, sólo algunas lagunas logran conservar sus aguas, muchas veces el lodo se confunde con el preciado líquido. Hay que arrear el ganado a los ríos más cercanos. Es un problema que padece el pequeño y mediano productor, quienes generalmente practican la ganadería extensiva y la agricultura tradicional. A partir de mayo se anuncia nuevamente la estación lluviosa.

Las unidades de producción, son una expresión de las características del llano y su grado de desarrollo económico, en el caso de la ganadería, es el latifundio o hatos, porque la práctica es la ganadería extensiva, el ganado se alimenta de pastos naturales, en consecuencia necesita para alimentarse de grandes espacios, a esto se suma el problema de la pobreza de los suelos, que sólo permite la existencia de pastos de poco valor nutritivo. En cuanto a la agricultura, la unidad de producción es el minifundio o conuco, generalmente asociado al hato o, ubicado en los ejidos municipales, próximos a los centros poblados. Su producción es de subsistencia y sólo en algunos casos abastecen el comercio local.

La distribución de la población en los llanos meridionales es bastante dispersa e irregular, es una de las zonas del país con mayor porcentaje de población rural, la misma representa aproximadamente el 30% de la población total; ella se localiza a orillas de los ríos, carreteras, trochas y caminos, y en las proximidades de las poblaciones y de los grandes hatos. La localización de la población urbana, permite diferenciar tres áreas, que tienen como centros principales a las poblaciones de, 1°) San Fernando, capital de estado Apure y del municipio del mismo nombre, alrededor de ella se desarrolla la vida de cuatro poblaciones del sur del estado Guárico: Camaguán, Uverito, Guayabal y Cazorla y cinco del estado Apure: Biruaca, San Juan de Payara, San Rafael de Atamaica, Cunaviche y Arichuna, son centros poblados en proceso de formación, cuya vida gira en torno a las actividades del sector Primario: ganadería, agricultura y pesca y del sector terciario: comercio, transporte y servicios. Es la zona de mayor concentración de población de la subregión, en San Fernando ya se aprecian, manifestaciones propias de las grandes ciudades de Venezuela. 2°) Achaguas, capital del municipio del mismo nombre, localizada al occidente de San Fernando, a 100 kilómetros de distancia, alrededor de ella hacen vida cinco poblaciones: Apurito, El Samán, El Yagual, Guachara y Guasimal. El dinamismo se lo imprimen las actividades ya señaladas, y 3°) Mantecal, parroquia ganadera por excelencia, localizada al occidente de Achaguas, aproximadamente a 200 kilómetros de distancia. Cinco poblaciones se ubican en sus proximidades, sin predominio definido de una sobre las demás, ellas son: Bruzual, San Vicente, La Estacada, Elorza y Trinidad de Orichuna.

Cada una de las tres subregiones, representan zonas dignas de conocer, eso sí, el visitante debe olvidarse del confort, todo lo que se ofrece responde a los rasgos generales de la población llanera y su medio ambiente. Su espíritu de igualdad y libertad y su gran sencillez, cordialidad y espontaneidad. Pueden apreciarse sus paisajes, plazas, iglesias, calles, música, faenas, fiestas religiosas, ferias, parrandas, riñas de de gallos y sus toros coleados. Nada de lo que se muestra a la mirada del visitante ha sido hecho con la intención de atraer al turista, todo es producto de la vida cotidiana del llanero o creado por la naturaleza, más la huella que ha dejado la presencia humana. Aún no se valora la importancia económica que tiene la actividad turística, de allí que no hay acciones acondicionadas, quizás eso sea el mayor valor de lo que pueda apreciar el que visita a esta parte de Venezuela. Por ejemplo, el río Apure, los esteros de Camaguán, las sabanas, los pueblos y sus habitantes están allí, tal como son, inmutables ante las miradas escrutadoras.

La gastronomía, como es natural, no es exótica, deriva de la ganadería y de la agricultura: es la carne asada, el pisillo de chigüire y de venado, el picadillo de carne seca, la arepa, la cachapa, el hervido de res, de gallina y de pescado; el queso duro llanero, la mantequilla y el queso de mano. El casabe, el pan de horno, el arroz con leche y los dulces de leche y de lechosa siempre deben probarse. El frijol, el topocho y la yuca sancochada o frita son platos tradicionales.

EL MEDIO LLANERO ESTÁ CAMBIANDO

La sabana, ríos, caños, esteros, bajíos y lagunas y las noches de luna llena o de oscuridad profunda guardan silenciosamente los misterios del llano; pero la acción humana que avanza lentamente y de manera progresiva, acaba con esos misterios. El llano se debate entre lo tradicional y lo moderno. Veamos algunas aristas:

El medio de transporte de sangre, original del llanero, representado por el caballo, la mula, el burro y el buey, o el movido por la fuerza del hombre como la canoa y el bongo han cedido el paso a los automotores (gandolas, camiones, Jeek, vehículos de doble tracción), a la bicicleta, a la moto, al avión y avioneta (San Fernando de Apure posee un aeropuerto nacional). Estos hechos han originados profundos cambios en la sociedad llanera y en su quehacer cotidiano.

La luz eléctrica ha llevado progreso, casi todos los pueblos a pesar de las distancias cuentan con este servicio, pero el mismo ha acabado con muchas leyendas, porque la oscuridad de la noche ya no es escenario propicio para la inventiva y la creación de espantos y aparecidos. Sólo quedan los recuerdos.

Las faenas del llanero de a caballo, también ha sido influida por el avance socioeconómico de la subregión. El cruce del ganado criollo con otras razas, ha mejorado significativamente la producción de leche y de carne, es una res más pesada, menos veloz en la carrera, en consecuencia los arreos de rebaños y el pastoreo resultan menos salvajes o violentos. No se requiere ni la destreza ni la lucha natural entre el hombre y la bestia. Además, el traslado de los rebaños desde los centros de producción (hatos) a los mataderos no se hace por las trochas, sino que las reses son trasladadas en grandes gandolas a través de carreteras.

Las parrandas o joropo llanero de arpa, cuatro, maraca y canto también ha ido desapareciendo, sobre todo en las poblaciones, esta manifestación la sustituye la Rocola y la Miniteca. El joropo ha quedado reducido al medio rural y a las celebraciones especiales, como las fiestas patronales y las feries; sin embargo, algunos centros de diversión, como los clubes campestres, todavía mantienen viva esta expresión.

Las leyendas sobre espantos, almas en penas, entierros, aparecidos, pasaron a formar parte de la cultura oral del llanero. Se mantienen las historias sobre el silbón, la sayona o llorona, la bola de fuego, pero cuando se trata de dar fe sobre su existencia, siempre aparecerá una tercera persona, por supuesto ausente, a quien sí le consta.

La vivienda tradicional de techo de palma, paredes de barro y piso de tierra ha cedido el paso a una vivienda mucho más confortable, con piso de cemento, techo de cinc o de platabanda y paredes de concreto.

El llanero dice que la civilización ha acabado con las verdaderas expresiones del llano que retrato en su novela “Doña Bárbara”, Don Rómulo Gallegos; sin embargo como todo medio ambiente, el llano sigue contribuyendo con la modelación de la personalidad de sus habitantes.

PARA CONOCER MEJOR EL LLANO

El medio ambiente llanero, ha influido en la actitud maliciosa o desconfiada de sus habitantes. La soledad, las grandes distancias, las noches oscuras, los imprevistos, la naturaleza salvaje, han macerado esa actitud frente a la vida, lo cual ha sido muy bien expresada en el cancionero popular y recogida por José E. Machado, en: “Malicia Llanera”.

No te acuestes en chinchorro

sin mirar los colgaderos,

ni duermas en la posada

en unión de forasteros.

Acostúmbrate a dormir

con un ojo siempre abierto,

que el pillo que así te viere

te considera despierto.

Si duermes en despoblado

pega el oído en el suelo;

sentirás a gran distancia

el que viene sin recelo.

En un viaje de ida y vuelta

no trilles la misma pista,

ni te olvides que en la oreja

de la mula, hay otra vista.

En el llano los zamuros

son del cielo telegramas,

que te anuncian, más o menos,

si la victoria te llama.

Si ves que la huella viene

por los llanos, montes y faldas,

no te vuelvas; es posible,

que el que huye vaya de espalda.

La faena del ordeñador, siempre va acompañada de las tonadas llaneras, la cual tienen dos intenciones: identificar a la vaca que le corresponde el turno de ordeño y crear un ambiente propicio para que el animal produzca mayor cantidad de leche. El nombre que se repite es el nombre de la vaca que se va a ordeñar. El cancionero popular recoge las siguientes coplas.

Mañana por la mañana

riega tu patio de flores,

que te viene a visitar

la virgen de los dolores.

¡Claro de oro. Claro de oro!

Allá arriba, en aquel alto

tengo un pozo de agua clara

donde se lava la virgen

los piecitos y la cara.

¡Nube blanca. Nube blanca!

Estrella de la mañana.

claro lucero del día,

cómo no me despertaste

cuando se iba el alma mía.

¡Clavelito. Clavelito!

Noche oscura y tenebrosa

préstame tu claridad

para seguirle los pasos

a una ingrata que se va.

¡Pavo real. Pavo real!

PROF. JOSÉ N. VARGAS PONCE.

Jose.vargasponce@hotmail.com

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