EL ESTOICO CELADOR DE LA SABANA

Prof. Freddy  Morles

Nombre científico: Curatella Americana; nombre vulgar: Chaparro.

(Francisco Tamayo: Los llanos de Venezuela).re

Es el mes de Marzo y el verano llanero entra en su fase más intensa. Arriba, el cielo guariqueño es una cúpula incendiada por la intensa radiación solar; mientras que, abajo, el paso inclemente del fuego deja su oscura huella sobre la tierra chamuscada.

La candela deja su estela de muerte entre las especies animales y vegetales que pueblan la sabana, y las suaves colinas que dominan la vía de Calabozo hacia El Calvario nos enseñan su piel desnuda y agrietada por la acción del intenso calor.

El noble arbustillo del Hyptis Suaveolens -emblema vegetal de la sabana- es una de las primeras víctimas de la devastación, que tempranamente logra despojarnos del disfrute de su suave aroma mentolado. Hasta la airosa Copernicia Tectorum resiente su fortaleza ante la acometida del fuego contra su esbelto tallo. Hierbas y arbustos, aves, insectos, reptiles, mamíferos y toda clase de ser viviente de la rica fauna llanera, deben sucumbir alevemente devorados por la furia del fuego que arremete por tierra y por aire.

En medio del desolado paisaje, empero, un increíble vestigio de vida (o tal vez un doloroso residuo de muerte) yergue su magra figura sobre las lomas calcinadas. Dispersos en la sabana, los arbolitos de Curatella Americana soportan estoicamente la acción del fuego, del sol y de la sequía, cual imbatibles campo-volantes del ejército vegetal con que la naturaleza llanera se atreve a desafiar al terrible clima veraniego.

Arrumado en el olvido de los poetas que le cantan a la sabana, su nombre no es frecuente rima en los versos de los compositores; mientras que los científicos apenas le dedican breves líneas como elemento de la llamada “vegetación pirófila” junto con sus congéneres de las familias Bowditchia (Alcornoque), Byrsonima (Manteco) y Anacardium (Merey).

Ciertamente, de sus enjutos sarmientos no cuelgan flores de campanilla, ni frutos de jugosa pulpa convocan a los niños alrededor de su tallo; conmovedora,sin embargo, resulta su impávida presencia en medio del paisaje, cuando la vida parece sucumbir abrumada por la inclemencia del duro clima llanero.

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